Es tiempo de unirnos a clamar

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Ante un mundo que se estremece de dolor y violencia, no puedes dormir bajo las cobijas de la ignorancia y la conformidad y pensar que eso no tiene NADA que ver contigo. Eso sería asumir la postura de un ciego por voluntad propia.

Todos somos parte de este mundo y cada ser humano que aquí habita es parte del cuerpo que nos une.

Independientemente de la raza, el color, la religión, el estatus político, social o económico que nos distingue, seguimos siendo hermanos e hijos de nuestro Padre Dios que nos creó. Ignorar el dolor ajeno, cerrar el periódico o apagar las noticias no nos declara sin culpa de la desgracia que viven las naciones, los pueblos y la gente.

La intolerancia religiosa, la sed de poder, el desprecio a las razas y el amor al dinero están ahogando a nuestro planeta en las aguas de la guerra, la violencia y la muerte.

Es tiempo de unirnos a clamar y buscar la presencia de Dios como lo hizo el Rey de Nínive ante la amenazante noticia de que ésta sería destruida en 40 días. El mismo Dios que se compadeció de Nínive cuando ésta ayunó y clamó, es el mismo que se compadece hoy de nuestro mundo; está esperando que levantamos nuestras cabezas y le reconozcamos como Único Salvador.

Éste es el clamor de Dios a su pueblo:

«Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren y buscaren mi rostro y se convirtieran de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mi oídos a la oración en este lugar.» 2 Crónicas 7:14,15

El mensaje es claro. Dios no sólo espera que le clamemos en momentos de angustia; también quiere que abandonemos nuestros malos caminos y nos volvamos a ÉL.

Te invito hoy a que detengas la marcha agitada de tu día, y tomes este tiempo para pensar en el camino que TU llevas y que lleva este mundo. Únete hoy a nosostros en LEP Ministries a clamar a Dios por la paz interior en cada ser humano; la única que la violencia no puede arrebatar.

Así lo dijo Jesús: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» Juan 14:27

PODER del AMOR

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Hay un PODER y una fuerza mayor que el de los ejércitos del mundo o de armamentos nucleares. Es un PODER que inspira a realizar el mayor acto de heroísmo, el más incomprensible sacrificio y la más intensa búsqueda; a escribir la más dulce canción, a esbozar la más cautivante sonrisa y a renunciar a lo más preciado en la vida a fin de no perderle.

Ese es el PODER del AMOR.

Cuando amas algo o a alguien, todo te parece sencillo, nada se impone como imposible y las fuerzas siempre están presentes. Trae una nueva visión de hacer las cosas. Es una fuerza interna que te impulsa hacia arriba a realizar sueños empolvados en el tiempo; a retomar metas inconclusas, a cambiar estilos de vida equivocados y hasta a enmendar malas decisiones. El AMOR transforma vidas, revoluciona pensamientos, reanima el corazón, sana la mente y el cuerpo, y nos conecta con Dios que es la fuente creadora del AMOR.

Por AMOR los ciegos ven, los paralíticos caminan, los tristes ríen, los cansados corren, los viejos rejuvenecen y hasta los «muertos» resucitan.

Si te sientes con amargura en el alma, sin fuerzas para luchar, sin gozo para vivir, ni motivación para continuar, es porque estás falto de amor recibido o amor para dar.

¿Por dónde comenzar a encontrar ese PODER del AMOR?

Comienza dando AMOR a Dios. Ámalo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y todas tus fuerzas.

Luego ámate a ti mismo del mismo modo e intensidad. Y finalmente, ama a tu prójimo con toda las fuerzas del primer AMOR.

Cuando amas, cumples con la mayor expresión del AMOR que es DAR. Así lo expresó el Apóstol Juan cuando escribió :

«Porque del tal manera AMÓ DIOS al mundo que HA DADO, a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en ÉL crea no se pierda más tenga vida eterna». Juan 3:16

Así que…No te quedes ahí quejándote! ¡LEVÁNTATE Y AMA!

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Una generación sensible a lo tecnológico e irreal

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Hoy quiero reflexionar contigo sobre lo que he vivido los pasados meses entre aeropuertos y aviones. Dos lugares donde se alberga una gran cantidad de población mixta con redes de comunicación sofisticada que los comunican rápidamente con aquellos que conocen y que tienen lejos, pero los incomunica con aquellos que no conocen pero que tienen cerca.

Nos hemos convertido en una generación sensible a lo tecnológico e irreal y, a su vez, totalmente insensible a lo real y humano. Nos movemos con una rapidez pasmosa entre los pasillos de los aeropuertos movidos por la prisa de llegar a un destino conocido o desconocido, tropezando con una inmensa cantidad de seres humanos y viajando largas horas junto a ellos, sin haberle regalado ni un saludo, sin poder recordar sus nombres o haber podido conocer su historia. Perdimos el tiempo leyendo mensajes en nuestros celulares, jugando juegos sin sentido o viendo una vieja película que ya habíamos visto, pero fuimos incapaces de descubrir la fascinante historia de nuestro compañero de viaje o la oportunidad de ganar un nuevo amigo.

Mi gente, ¡hasta donde hemos llegado!
A veces me pregunto como predicaremos el Evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo, si perdimos la capacidad de comunicarnos verbalmente con aquellos que tenemos tan cerca.

Creo que el reto más grande que tiene nuestra sociedad actual no es alcanzar las alturas o descubrir si hay vida en otros planetas; más bien el de alcanzar al que está a nuestro lado y descubrir que aún hay vida en nuestro planeta.

Las sabias Palabras del Rey Salomón cobran significado hoy cuando nos motiva a mirar a las sencillas e insignificantes hormigas para aprender de ellas, no sólo de su laboriosidad, sino también de su sensibilidad de comunicarse con cada hormiga que encuentra en su camino.

Descompliquemos nuestra cibernética vida y que revivamos las sencillas Palabras del Carpintero de Nazaret cuando dijo: «Amaos los unos a los otros».

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¿Has soñado alguna vez que puedes volar?

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¿Has soñado alguna vez que puedes volar? Desde mi niñez, y de forma consistente, he soñado con que puedo volar.

Tanto era mi anhelo de volar que en una ocasión me amarré una toalla al cuello tipo Superman y me lancé de la parte alta de un árbol. En otra ocasión, abrí un paraguas al estilo Mary Poppins y me tiré de un techo con la esperanza de salir volando, pero sólo logré caer al suelo y golpearme.

Ya de adulta acepté la invitación de una amiga de tirarme en paracaídas a 13,000 pies de altura desde un avión en Sacramento, California. Al conocer a mi instructor, éste me explicó, rápidamente, como íbamos a realizar juntos esa hazaña. Estaba tan emocionada que no le formulé ninguna pregunta que me indicara su estado de salud física, mental o emocional; ni puse en duda su capacidad profesional como paracaidista. En fin, le estaba confiando toda mi vida a un perfecto extraño, sin dudas, ni preguntas.

Cuando subí al avión y alcanzamos la altura correcta, siento a mi instructor uniendo su arnés al mío en mi espalda, y que me dice con voz serena pero firme: «Liz, vamos a la puerta, dobla tus rodillas, cruza tus brazos sobre el pecho, espera mi señal y en 7 segundos nos tiramos.»

Cuando nos movemos hacia la puerta y miro el vacío que me esperaba, fue entonces cuando recordé las preguntas que no había hecho. Y antes que pudiera retractarme, me encontraba con las manos abiertas planeando por los aires, conquistando el espacio, desafiando la gravedad, venciendo mis miedos y alcanzando una meta.

¡Ese día recibí la lección de fe más importante de mi vida! Pensé: Si pude confiarle toda mi vida a un total extraño que no conocía, que no recuerdo su nombre y tal vez nunca veré; y peor aún, a quien no le hice una sola pregunta, ni dudé de él, ¿Cómo no podré confiarle mi vida a Dios (a quien conozco y creo) y como no lanzarme con ÉL en una aventura de fe, sin hacerle una pregunta, ni dudar de su capacidad de conducirme a conquistar nuevos espacios, desafiar la lógica humana , vencer mis temores y alcanzar mi propósito en la vida?

Dios te está invitando a tener una aventura de fe con ÉL

Por favor…
* Sube al avión de tus sueños.
* Escucha sus instrucciones y no dudes ni hagas preguntas.
* Deja que te lleve en sus espaldas.
* Dobla tus rodillas en oración y cruza tus brazos aferrándote a sus promesas.
* Espera la señal, lánzate con fe y conquista tu propósito divino en esta Tierra.

ÉL te dice: «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente. No temas, ni desmayes, que Yo Jehová tu Dios estaré contigo dondequiera que vayas»
Josué 1:9

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